¿Qué son las cookies y por qué todos los sitios web nos molestan con ellas?
Abres el navegador de tu móvil y, antes de leer lo que hay en la página, una ventana emergente que ocupa la mitad de la pantalla se traga el contenido detrás del siguiente mensaje: este sitio utiliza cookies. A partir de ahí suelen aparecer dos opciones: aceptar y personalizar. Y lo más probable es que elijas a cualquiera sin saber, después de todo, qué diablos son las cookies y qué quieren de ti.
Como lo señala el guía de desarrollo de Firefox, Las cookies del navegador, en su definición más básica, son archivos o paquetes que un servidor envía a una dirección web. Las cookies recopilan datos de navegación y el navegador puede almacenarlas para enviarlas al sitio web si lo solicita nuevamente. El objetivo es sencillo, y además inofensivo, indicar al servidor cuál fue el comportamiento del usuario en esa web, en qué enlaces hizo clic, etc. De esta manera, en tu próxima visita, tu experiencia estará optimizada.
La primera mención del término en Internet se remonta a programación en c, para Unix, en 1979. El archivo se denominó “cookie mágica”. En esta definición, los datos recopilados no sirven de nada hasta que se devuelven al solicitante, como una especie de ticket. Pero se puede entender el nombre “cookie” como una referencia al rastro de migajas (y en este caso, datos) que el archivo deja donde quiera que vaya, guiando al sitio web para comprender el viaje del usuario.
Diferentes sabores de galletas
Como hemos visto, las cookies rastrean datos, pero esto no se traduce necesariamente en un riesgo para la privacidad. El punto es que existen diferentes tipos de cookies y, si bien algunas son vitales para un uso más rápido del sitio web, otras simplemente quieren vender su información a los anunciantes.
Segundo o Guía de Firefox, el archivo se utiliza de tres maneras. El primero de ellos es la gestión de sesiones, que reúne todos los datos que debe recordar un servidor. Esto se aplica a inicios de sesión, puntuaciones en sitios de juegos, historial de compras en tiendas en línea y cosas así.
El segundo de ellos es la personalización: páginas que tienen diseños, colores y preferencias de usuario personalizables. Esta opción está especialmente presente cuando accedemos a plataformas, foros y redes sociales directamente en navegadores en lugar de aplicaciones.
Finalmente, el tercer uso son las cookies de seguimiento: son las que registran los elementos que observa el usuario, los enlaces en los que hizo clic y su comportamiento. Básicamente, su historial de uso y precisamente lo que hace que estos rastreadores sean tan controvertido.
Lo (para nada) triste de las galletas y lo que viene en su lugar
Lo que hace que las cookies sean tan desagradables es la posibilidad de que recopilen sus datos de uso en otras direcciones. Conocidas como “cookies de terceros”, durante mucho tiempo estos datos se obtuvieron sin la autorización de los usuarios, lo que acabó derivando en la regulación del uso de estos archivos en 2002, con las Directrices de Privacidad de las Comunicaciones Electrónicas de la Unión Europea. La institución determinó que estos datos debían ser proporcionados por consenso de los usuarios.
Pero estos rastreadores pueden tener los días contados. La mayoría de los navegadores bloquean las cookies de terceros y algunos van más allá, como Brave y el Vivaldi, que consideran las cookies de terceros una amenaza para la web abierta.
La muerte anunciada de este formato de archivo hizo que Google diera un paso adelante con los FLoC, Federated Cohort Learning, un sistema creado especialmente para sustituir las cookies de terceros. La nueva solución de Google promete reunir datos en grupos no identificados. Pero, al menos hasta ahora, los FLoC enfrentar una fuerte resistencia, ya que pueden suponer un riesgo aún mayor para la privacidad de los usuarios.
Imagen: #Fotógrafo-urbano/iStock